jueves, agosto 04, 2016

HUMILLACIÓN EN LAS REDES DE JON RONSON


HUMILLACIÓN EN LAS REDES DE JON RONSON
1 Libro Autor Jon Ronson Editor B



Durante los últimos tres años Jon Ronson no ha parado de viajar para reunirse con personas que se han visto expuestas al escarnio público

Los humillados son personas como cualquiera de nosotros que un día, a través de las redes sociales, hicieron un comentario desafortunado o un chiste que resultó malinterpretado

Una vez que su pifia sale a la luz, la indignación general, en esas mismas redes sociales, cae sobre ellas con la violencia de un huracán y, en menos que canta un gallo, una turba enfurecida las destroza, se mofa de ellas y las demoniza hasta hacerles perder el trabajo y cambiar por completo sus vidas

El  escarnio público ha renacido y recorre el mundo

La justicia ha sido democratizada

La minoría silenciosa empieza a manifestarse en voz alta, pero ¿qué dice todo ello de nosotros?

Destacamos los defectos de los demás de manera implacable, definimos los límites de la normalidad echando a perder las vidas de aquellos que no se ciñen a las reglas

Estamos usando el escarnio (y la vergüenza) como una suerte de control social

«Un libro magnífico, rebosante de argumentos sutiles, a menudo dolorosamente cómico y sin embargo profundamente serio… Altamente recomendable» The Daily Mail

“Una obra periodística excelente y original que reflexiona sobre la compleja relación entre quienes humillan y quienes son humillados, ambos foco potencial de los juicios grotescos y desproporcionados de las redes sociales” Financial Times

“Ronson es un periodista tenaz y a menudo valiente, cuyo agudo sentido del humor nunca resta un ápice de integridad a sus artículos periodísticos” Sunday Times

“Escalofriante y a veces hilarante. La típica actitud relajada de Ronson es una delicia” The Independent



Por qué la recomiendo:


Pues; verás, que la práctica de humillar en las redes se está convirtiendo cada vez más recurrente, profunda, más directa, más descarnada, misma que despoja de ilusiones, afectos, sentido de pertenencia, de autoestima, de sentido de vida y que inclusive llega hasta el suicidio en personas de todas las edades que han sido víctimas hasta el más interior de sus fibras


Lo anterior en referencia a vidas humanas, y que decir 

de las empresas, mismas que han sido víctimas de acoso 

por cualquier medio o plataforma o procedimiento, de 

cualquier naturaleza de confección de palabras, te 

imaginas el largo y doloroso proceso en el que se 

someten y que desde luego en lo general acaban con la 

marca y su prestigio en un santiamén


Quien ha recibido tales descargas en bits; sufre al por mayor, y para el sistema judicial esto aún no lo tiene contemplado en su verdadera magnitud e inclusive practicantes profesionales en el área de la psicología y menos la psiquiatría –aquí en México- no están debidamente preparados para atender en su verdadera magnitud este problema

El autor se documenta a más no poder e inclusive en algún capítulo señala, en boca de Mercedes, página 135, que:

“Muchos son chavales aburridos, con una vida poco estimulante y víctimas de acosos –respondió-. Saben que no pueden llegar a ser lo que quisieran, de modo que acuden a Internet. Allí gozan de poder en situaciones en las que normalmente estarían indefensos”

El autor escribe:

“El movimiento contra las penas infamantes ya estaba en marcha cuando, en marzo de 1787, Benjamín Rush, uno de los Padres fundadores de Estados Unidos, escribió una disertación en la que llamaba a eliminarlas todas, incluidos el cepo, la picota y el poste de flagelación”

[…] puesto que la ignominia está considerada universalmente un castigo peor que la muerte. Costaría comprender que la ignominia se hubiera adoptado como una pena más leve que la muerte, como si no supiéramos que la mente humana rara vez llega a conocer la verdad sobre una materia cualquiera sin antes alcanzar el extremo del terror.

Aquí el autor investiga y exalta su propuesta a extremos duros; pero verdaderos, inclusive señala que Delaware, que los mantuvo absurdamente hasta 1952 -en palabras del autor-, como un mazo a la cabeza, que con precisión nos señala que lo que vivimos en estos tiempos de prácticas humillantes en la red es algo parecido y superior en algunos casos o en la mayoría sobre las humillaciones –que debían de ser públicas- de esas fechas de fines del 1700

¿Cómo prepararnos para afrontar este tipo de situaciones?

¿Qué necesitamos prevenir, ilustrar, señalar, anticipar, atemperar para cada uno de nosotros, para nuestros hijos, para nuestros alumnos o nuestros allegados?

¿Cuál sería nuestro discurso para afrontar este cúmulo de voces electrónicas?

¿Estamos preparados en la escuela, en nuestras casas, en nuestras empresas, para afrontar este tipo de circunstancias?

Cómo funcionario público en cualquier orden que tenga que ver con esta nefasta situación, que a querella de quien se sienta ofendido establezca en tribunal, me pregunto, podrá valorar la cuestión psicológica del afectado y como, donde, se le brindará ayuda psicológica al afectado. Y qué decir de quien ejerce –en el otro extremo- esta conducta corrosiva, exaltada, habrá algo para ellos para atención y remediar lo anterior,  al menos otorgar respeto

Y siguiendo con lo anterior el autor anota en la página 64 cita de Robert Graham Caldwell 1947:

“Si en el fondo [de la persona condenada] arde aún un rescoldo de dignidad, la exposición a la vergüenza pública lo apaga por completo, sin la esperanza eterna que anida en el corazón humano, sin el menor deseo de reformarse y convertirse en un buen ciudadano, ni la fe en que esto es posible, ningún delincuente podrá regresar al camino honorable. Un muchacho de dieciocho años que es flagelado en New Castle [poste de flagelación de Delaware] por robar ya nunca levanta la cabeza la cabeza en nueve de cada diez casos. Con el amor propio hecho añicos y la befa y el escarnio de la deshonra pública grabados a fuego en la frente, se siente perdido y abandonado por sus semejantes”

De varios ejemplos –todos ellos muy vividos-, se compone este magnífico ejemplar; en las que narra en cada caso, el logro de conseguir permiso para publicar los avatares, peripecias, situaciones, de cada uno de ellos, el escarnio de que han sido víctimas, que el autor puntualmente anota y finca con ejemplos disímbolos el tema que trata a profundidad y que desde luego nos deja una enseñanza muy importante para estos convulsos días en los que nos hemos convertido, en un “delaware global”

He inclusive señala en una reflexión originada por un comentario de Donna –página 203- que dice así:

Donna: Había vivido en una burbuja en San Francisco, rodeada de otras personas con una actitud positiva hacia el sexo, informadas sobre los trabajos sexuales y la industria del sexo, así que nunca me había sentido tan juzgada. Pero de repente había unas personas que me observaban desde fuera y hablaban de mí como si fuera una pornógrafa idiota. Fue muy duro. Me eché a llorar en el aeropuerto y seguí llorando durante el vuelo…

Y; aquí, la reflexión de Jon Ronson; “hace años, quizá se me habría antojado una locura que Donna se ofendería por un artículo tan inocuo. Pero la verdad es que lo entendí. Creo que todos concedemos mucha importancia a cosas que a otros les parecen del todo intrascendentes. Todos arrastramos el peso de supuestas humillaciones que en realidad no significaban nada. Somos un manojo de inseguridades, y nadie sabe qué las azuza. Por eso comprendía a Donna. Como Max y Andrew le debían tanto, me entristecía que se hubiera sentido avergonzada cuando se había visto a sí misma desde fuera, como si la vergüenza se hubiera colado en su interior y ya no hubiese manera de expulsarla”

Un material que tiene múltiples lecturas. Muchos destinatarios; que de seguro que es distinto en su percepción de sus cosas del día a día, a un psicólogo, psiquiatra, Padre de familia, directivo empresarial, funcionario público en el área judicial o legislativo, director de escuela tanto privada como público, periodistas, académicos, y demás…

No lo dude; salga, encarguelo pero hágase de su ejemplar


¿Cui bono?

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